Imperio asirio · Música
Música de corte, ritual y victoria en Asiria
Periodo neoasirio, siglos IX–VII a. C.
El sonido del imperio: botín, lujo y guerra
La música en el Imperio Asirio era, ante todo, una demostración de poder absoluto. Los reyes asirios no solo conquistaban territorios, sino que “secuestraban” el talento. En los anales de monarcas como Senaquerib o Asurbanipal, se lee con orgullo cómo, tras arrasar ciudades en Babilonia, Elam o el Levante, exigían como botín de guerra a los mejores músicos, cantantes (especialmente mujeres) e instrumentos del enemigo. Esto convirtió a sus capitales, como Nínive, en auténticos crisoles donde se mezclaban las tradiciones musicales de todo el Medio Oriente antiguo.
Las orquestas de palacio y el arpa angular
Lejos del campo de batalla, los suntuosos palacios resonaban con música de altísima sofisticación. Los músicos de la corte tocaban en los grandes banquetes reales y en las ceremonias religiosas, como el momento en que el rey derramaba vino sobre los leones cazados para apaciguar a los dioses.

Tras conquistar la ciudad de Susa, el rey Asurbanipal se llevó a sus músicos a Nínive. En este relieve se aprecia a los prisioneros tocando grandes arpas angulares, el instrumento estrella de la sofisticada corte asiria.
El arpa angular
El instrumento estrella de esta época fue el arpa angular asiria. Las paredes de los palacios muestran a orquestas enteras combinando grandes arpas verticales y horizontales, liras asimétricas, laúdes y flautas dobles. La técnica era tan refinada que los relieves esculpidos muestran a los músicos usando plectros (púas) de madera o hueso para hacer vibrar las cuerdas, e incluso se les representa levantando un pie para marcar el compás.

El ritmo marcial: la percusión como arma psicológica
Aunque la delicada música de cuerda dominaba la corte, la infantería asiria sí integró un tipo de música mucho más cruda en su maquinaria bélica: una potente y abrumadora sección rítmica.
Las tropas marchaban al unísono guiadas por músicos militares que golpeaban con fuerza pequeños tambores redondos (similares a los panderos o bendir actuales) sujetos a la cintura o sostenidos en alto con las manos. Este pulso grave y constante cumplía una doble función: por un lado, coordinaba el avance milimétrico de miles de soldados; por otro, creaba un muro de sonido sordo y ensordecedor diseñado para quebrar la moral y aterrorizar al enemigo antes incluso de que volara la primera flecha.

Músicos asirios tocando percusión y cuerda. En la infantería y en los desfiles militares, el uso de potentes instrumentos de percusión, como los grandes tambores redondos que sostienen las figuras de la izquierda, era fundamental para marcar la cadencia de marcha de las tropas.
Fuentes y procedencia
Elaboración propia.
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